Un hijo superdotado de Boston Medical Group

A todo el mundo le pasa pero no todo el mundo sabe qué o por qué le pasa. Nunca está de más tener esta lista a mano para saber a qué puede deberse cuando no se te para. Estas son las Top 6 razones por las que no se te para.

 1. Tienes pánico escénico:

No todos y no siempre podemos tener los nervios o la templanza de acero. Tarde o temprano la situación termina por pillarnos con la guardia (y lo que no es la guardia) baja. Respira y sonríe si te pasa. Todo el mundo tiene derecho a tener un mal día (una mala semana, un mal año). 

Según la Dra. Jane Greer, terapeuta matrimonial y familiar, experta en sexo, amor y relaciones: “La presión para ponerse duro, mantenerse duro y satisfacer a tu pareja puede, para empezar, que todo sea más difícil de primeras”. Es duro (disculpen la insistencia) lo sabemos. Era más fácil cuando no teníamos que preocuparnos por la diversión de nadie más que nosotros mismos, pero reconozcamos al menos que la experiencia es ahora mucho más rica, versátil y enriquecedora. Al menos ahora ya no todo depende de nuestra erección. ¡Hay más cosas en el menú! Tómate tu tiempo, que al amor es mejor venir sin prisas.

Además, los nervios no son siempre cosa tuya: el estrés en el trabajo, la mala economía o los problemas sentimentales tienen que asomar por algún lado. No le des demasiadas vueltas y tómatelo con humor. Según Greer: “Los hombres tienden a demorarse en escenarios tipo ‘¿qué pasaría si’ que en realidad no hacen más que agravar el problema. Incluso después de descubrir y corregir el problema principal, puede llevar algún tiempo volver a la normalidad”. Si no consigues retomar la confianza no dudes en consultar con un profesional que te ayude a gestionar tu ansiedad.

2. Se te ha ido la mano con el vicio.

Tanto el alcohol, como las drogas o el tabaco tienen efectos notables sobre el sistema nervioso y circulatorio. Beber retrasa las reacciones y silencia los nervios, haciendo que lo que normalmente te excita no funcione en la manera en la que suele hacerlo. Tu capacidad para el orgasmo, o tu control sobre el mismo, también puede verse afectada. El alcohol es un depresivo que podría, directamente, hacer que tu miembro no consiga ponerse duro. El tabaco puede hacer que se estrechen tus vasos sanguíneos y ya sabemos lo importante que es un buen flujo sanguíneo para el mecanismo de erección. Ante la duda, mejor no fumar.

 3. Estás gordo.

Sí, por la misma razón que el tabaco el sobrepeso también afecta al sistema cardiovascular; provoca problemas de circulación y daña los vasos sanguíneos, por lo que la sangre tiene más dificultades para llegar a donde quieres que llegue y quedarse ahí mientras tu te entregas al sano placer del sexo. Llega un punto en la vida de los hombres en el que el cuerpo ya no funciona por su propio impulso. Igual que pasa con tu coche, pasado un cierto número de kilómetros el mantenimiento es absolutamente necesario. Si quieres seguir cogiendo como siempre, ¡tienes que mantenerte ejercitado, fuerte y sano! ¿Puede haber mejor incentivo?

 4. Estás enfermo.

No te castigues. Tienes que curarte y cuidarte primero. Tu cuerpo es un sistema y todo correcto funcionamiento depende del correcto funcionamiento del sistema completo. Las enfermedades cardíacas, la diabetes, la esclerosis múltiple… Cualquiera de estas enfermedades, y muchas otras, pueden bloquear los impulsos nerviosos necesarios para que tu miembro se dé por enterado y se excite. Muchas veces existen medicamentos para ayudar con estos efectos no deseados de tu enfermedad, así que no dudes en consultarlo con un médico experto en sexualidad; y no tengas miedo de compartir con tu pareja la razón por la que tu cuerpo parece estar mostrando menos entusiasmo del que realmente sientes.

En “Ebrio de enfermedad”, el libro en el que crítico francés Anatole Broyard habló sobre la relación que mantuvo con su cáncer de próstata, Broyard explica que la enfermedad es, ante todo, una cuestión de estilo: “cualquier persona seriamente enferma ha de desarrollar un estilo propio de cara a su enfermedad. Creo que solo si insiste uno en su estilo podrá salvarse del momento en que se desenamore de sí mismo cuando la enfermedad pretenda disminuirlo o desfigurarlo”. La enfermedad forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué definirnos. ¡Ánimo!

 5. Estás tomando algún tipo de medicación:

Todo medicamento ha de servir un propósito, por supuesto, pero en la persecución de ese propósito no es raro que se provoquen daños colaterales. Es habitual, por ejemplo con la toma de antidepresivos o benzodiacepinas, que nuestro nivel de deseo se vea reducido (y sin deseo, ya se sabe, difícil es mantener una erección).

Según la Dra. Greer: “Dependiendo de la medicación que esté tomando, si su nivel de testosterona se ve afectado esto puede reducir su impulso sexual”, pero no solo eso. Por si fuera poco, ciertos medicamentos pueden “también pueden afectar al nivel de energía y/o provocar somnolencia o aumento de peso”. Todo esto tiene un indudable impacto sobre tu energía física y emocional que se verá reflejado en tu vida sexual. Una vez más, ¡consulta con tu médico!

 6. Tu testosterona ya no es la que era.

Nada hay más normal que el paulatino descenso de la testosterona con la edad; es del todo natural, aunque siempre nos agarre por sorpresa. Los hombres no solo tienden a ir quedándose calvos, sino que en general, con la edad, desarrollan menos vello corporal y pueden experimentar problemas de firmeza o erección entre tantas otras cosas que nos regalan los años. No dude en consultarlo con un experto pues estos problemas suelen tener fácil solución mediante suplementos o tratamientos especializados.

Y recuerda, independientemente del problema, no hay situación en la que tu pene te meta de la que no puedas salir gracias a tus manos, tu imaginación o tu lengua. Quizás en el momento no tenga solución pero desde luego puede hacerse mucho más llevadera 😉

 

Si te gusta, comparte

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.