Un hijo superdotado de Boston Medical Group

Nos encanta ser hombres, pero envidiamos algunas cosas de las mujeres. Una de ellas es esa capacidad que bastantes féminas tienen de alcanzar varios orgasmos seguidos. Las diferencias entre sexos hacen que lo que para Adán es un alegre fin de fiesta, para muchas Evas sea sólo el inicio de una larga serie de fuegos artificiales. Hay, no obstante, hombres afortunados con la capacidad de disfrutar de orgasmos múltiples, y nosotros nos preguntamos si podemos hacer algo para ser como ellos.

Lo que hace que, en general, tras eyacular, nosotros necesitemos un buen rato de descanso antes de retomar la batalla se llama periodo refractario. Sus orígenes evolutivos son bastante discutidos, pero podría tener que ver con la necesidad del varón de la especie de ahorrar energía para otros asuntos no tan placenteros como los relacionados con la reproducción. Sea cual sea el porqué, lo cierto es que para la mayor parte de los hombres hay una forzosa señal de ‘stop’ tras cada orgasmo.

La lógica y los expertos dicen que para saltarnos esta señal bastaría con conseguir llegar al orgasmo sin eyacular. Existen diversas técnicas que pueden ayudarnos a lograrlo. Una de ellas consiste en presionar el perineo en el momento en que sintamos que estamos a punto de irnos (en el sentido orgásmico del término: en Sexo Sapiens pensamos que huir del lugar de los hechos tras un encuentro sexual es de cobardes). Esto produciría una eyaculación retrógrada, es decir, eyacularíamos hacia dentro, concretamente en el interior de la vejiga urinaria. El sistema está relacionado con el sexo tántrico y su practicante más conocido es el escritor Fernando Sánchez Dragó (según algunos sexólogos, pensar en Sánchez Dragó podría ser también un buen sistema para controlar la eyaculación).

El sexo es, sobre todo, una actividad mental, y hasta diríamos que espiritual, y por ello no es extraño que algunas de los trucos más eficaces para controlar y multiplicar el orgasmo vengan de Oriente. Las teorías del Tao, que son la base de las prácticas tántricas, sostienen que el hombre pierde su energía con la eyaculación y se recarga al contenerla, y recomiendan una serie de ejercicios para lograr lo segundo y asegurar una mejor salud y calidad de vida. Incluso hay hombres en el Tibet que han llegado a arrastrar coches con el pene tras fortalecerlo con este tipo de rutinas. No sabemos si realizar semejante hazaña se encuentra entre tus fantasías, pero apuntamos el dato para dejar constancia de los enormes progresos que podemos llegar a hacer con unos minutos de disciplina diaria.

Otras técnicas para el control de la eyaculación son algo más intuitivas y tienen que ver con la relajación y el control de los movimientos, más que con tradiciones esotéricas milenarias. Con el tiempo, la experiencia en el amor nos enseña a todos cuándo debemos parar o acelerar y qué debemos hacer para retrasar el momento culminante. Es posible que en alguna ocasión, al detenerte para no cruzar demasiado pronto la meta, hayas experimentado un orgasmo sin llegar a eyacular, y después hayas notado que podías prolongar el coito durante mucho tiempo sin hacerlo: jugando de manera intencionada con este hecho accidental, también podemos conseguir nuestros propósitos.

Sea como fuere, creemos que el esfuerzo merece la pena: si tener un orgasmo está bien, tener varios encadenados debe de estar mucho mejor. Además, en este caso, la cantidad no está reñida con la calidad, sino al contrario, ya que la intensidad de los orgasmos extra suele ser mayor que la del primero, debido a nuestra fisiología y la estimulación acumulada. Lo importante, y nunca nos cansaremos de repetirlo, es que recuerdes que el sexo es un juego y que todo vale en él (siempre y cuando nos mantengamos dentro de la legalidad vigente). Cuanto más relajados estemos y menos nos preocupemos de conseguir objetivos, batir marcas y superar retos, más placentera será nuestra vida y más disfrutaremos de nuestro cuerpo y del de los demás.

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