Un hijo superdotado de Boston Medical Group

Internet está llena de información, tanta que a menudo parece más un océano en el que ahogarse que una fuente con la que saciar nuestra sed (de conocimiento). La información que podríamos considerar útil está enterrada entre las malas hierbas de los mitos, los rumores y las leyendas urbanas. Cuando tenemos dudas acerca de nuestra salud sexual es difícil distinguir los buenos consejos del puro sensacionalismo. ¿Qué podemos hacer los hombres para disfrutar más en la cama?

 

Existen miles de artículos acerca de cómo disfrutar más del sexo, cómo acabar con la rutina, cómo recuperar la chispa, aunque la mayoría estén dirigidos a mujeres. El sexo para los hombres se retrata en los medios un poco como la moda masculina: mortalmente aburrida en contraste con la femenina.

Si la moda femenina es un paraíso de color y un juego infinito de formas, la nuestra no deja de ser un aburrido catálogo casi monocromático que va del negro al gris, pasando por el azul y el marrón.

De la misma forma, la mayoría de los consejos sexuales que se nos ofrecen a los hombres tienen que ver con nuestra mejora como amantes, sobre cómo hacer disfrutar más a nuestra pareja, pero… ¿Es que no hay nada que podamos hacer los hombres por intensificar nuestro propio placer?

El orgasmo masculino se da por hecho. Se da tan por hecho que es fácil que lo sintamos com algo rutinario. Nadie habla de hombres que se desmayan después de venirse. Nadie de hombre que pierden el control con los ojos en blanco. Sólo de los hombres que después de coger se quedan dormidos.

 

Se nos retrata como máquinas genéticamente construidas para eyacular hasta el fin de los días. Máquinas de erección y eyaculación sin emoción. Repitiendo el mismo orgasmo una y otra vez hasta nuestra muerte, sin distinguir un gozo del siguiente.

¿De verdad no podemos hacer nada por elevar la altura que alcanza nuestro clímax?

Nicole Prause, neurocientífica y fundadora de Liberos, una empresa de biotecnología que estudia y mide, específicamente, los orgasmos humanos, afirma que NO.

Según ella, a día de hoy no hay ninguna investigación disponible sobre el orgasmo que demuestre que exista la manera de obtener orgasmos más fuertes. Aparentemente, los estudios demuestran una y otra vez que, físicamente, todos los orgasmos son iguales y no hay nada que hacer.

¿Nos rendimos entonces? Podríamos darnos por vencidos aquí y ahora y poner punto final a este artículo; deponer nuestras armas e irnos a casa, pero no. El #HomoEréctil siempre prevalece donde los demás han tirado la toalla.

 

La propia conclusión de Prause esconde el secreto. Físicamente no hay nada que hacer, pero nosotros somos animales emocionales. Todos sabemos lo que mide un segundo, pero sabemos también que el tiempo pasa más rápido cuando uno se está divirtiendo y parece detenerse cuando menos interesante es lo que estamos haciendo.

A nivel emocional, cambiar el contexto puede modificar el modo en que percibimos nuestro orgasmo. Físicamente seguirá siendo el mismo, como los segundos en nuestro reloj, pero el contexto en que pasamos nuestros segundos puede alterar nuestra percepción emocional del clímax para mejor y para peor.

Es bastante obvio suponer que cuanto más excitado estés más intenso será tu orgasmo, así que si quieres disfrutar más, presta atención a tu nivel de estimulación. Es el sexo rutinario el que ofrece orgasmos rutinarios.

La estimulación sexual no es más que un sentimiento de acumulación. Lo hemos dicho muchas veces: no hay deseo sin falta. Para desear algo tenemos que echarlo antes de menos. Para desear algo tendremos primero que convencernos, si no lo estamos ya, de esa necesidad. Sin esa falta, sin ese hambre, no puede darse el estado físico que hace deseable el juego sexual.

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Steve McGough, profesor asociado de sexualidad clínica en el Instituto para el Estudio Avanzado de la Sexualidad Humana lo compara con beber; cuanta más sed tengas, mejor te sabrá el agua. Si quieres conseguir una mayor excitación, sencillamente, aumenta tu sed posponiendo tu orgasmo. Deja de ser una máquina de erecciones y eyaculaciones y conviértete en una máquina de placer.

Cada uno tiene sus propios gustos, pero alteraciones sutiles del contexto como pueden ser hacerlo en un lugar diferente en lugar de en la cama de siempre, con una nueva pareja, recreando alguna fantasía recurrente, etc. son herramientas útiles a la hora de aumentar el deseo.

Tanto McGough como Carol Queen, una sexóloga, autora y activista del #SexoPositivo, recomiendan estirar las cosas durante el propio acto para aumentar la presión del deseo y alcanzar el mítico-místico orgasmo masculino. A esta práctica, en inglés, la llaman Edging: echar el freno cuando sientas que estás a punto de alcanzar el orgasmo; tomarte un respiro antes de ceder a las exigencias de tu deseo.

La única manera de conseguir que la excitación pueda seguir aumentando es no ceder a ella. Eso es con lo que juegan los aficionados al Edging, a acumular excitación durante largos períodos de tiempo, deteniéndose cuando detectan una eyaculación o un orgasmo inminente, estirando el placer todo lo que pueden.

 

Una buena parte del Edging consiste en mantener fuertes los músculos de Kegel, que hacen mucho más fácil contener tanto las eyaculaciones como los orgasmos. Cuando fortaleces esos músculos, con la práctica, no puedes, según McGough, evitar fortalecer también “tu control mental sobre esa parte de tu cuerpo, lo que contribuirá además a prevenir la eyaculación durante tus relaciones sexuales o la masturbación”. Y no solo eso, al volverte mucho más consciente del mecanismo de tu zona genital y de tu propio placer, el cerebro, ahora hipersensibilizado, podría percibir el orgasmo de forma más intensa.

Pero el Edging no sólo se trata de apilar estímulos en una línea de tiempo, sino de una forma de estimulación más amplia, mucho más compleja, que deja tiempo y espacio para percibir sensaciones más allá de las genitales.
Los diferentes tipos de estimulación llegan al cerebro por distintas vías nerviosas; capas de estimulación extra para el cerebro. Cualquier tipo de estimulación añadida, sean diferentes partes del cuerpo, juguetes sexuales, pornografía o contexto añade excitación y por lo tanto potencial a la percepción de nuestros orgasmos.

 

Según un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine la estimulación de los pezones, por ejemplo, “causa o aumenta la excitación sexual en aproximadamente el 82% de las mujeres y el 52% de los hombres, y sólo al 7-8% le resulta contraproducente”.

No se trata sólo de estimular zonas erógenas concretas, sino de estimular más zonas en busca de un placer más general. Hay tantas opciones como partes sensibles del cuerpo y forma parte del juego explorarlas, localizarlas y ponerles nombre.

El orgasmo no deja de ser un reflejo físico y aunque es poco probable que su potencia pueda alterarse, sí que podemos aumentar todos los placeres que lo acompañan. Aunque el orgasmo no pueda ser más intenso, sí que puede serlo la experiencia sexual. Cuanto mejor conozcas tu cuerpo y el cuerpo de tu pareja, mejor será tu vida sexual.

 

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