Un hijo superdotado de Boston Medical Group

Uno más uno no son siempre dos. ¿Sabes hablar de sexo con tu pareja?

Los miembros de esta tribu homínida conocida como “gente” practicamos nuestras dotes de persuasión y debate desde la tierna edad de dos años, y no dejamos de hacerlo hasta el fin de nuestros días. Desgraciadamente, no todos aprendemos a utilizar las mismas herramientas de igual manera y algunos obtienen resultados más dispares que otros.

Es normal, porque ni todos estamos hechos de la misma manera ni provenimos del mismo entorno. Algunos venimos de hogares en los que la comunicación se hace siempre a gritos y aprendemos que la victoria es de quien consigue elevar la voz más alto durante más tiempo. Otros no. Pero entiendo que en el fondo todos comprendemos que ganar la guerra no significa tener la razón; que la victoria de uno implica la derrota del otro y que quien pierde siempre es el tercer miembro silencioso de toda pareja: “Ella”, la propia relación.

La cama, por poner un ejemplo, no es el mejor sitio para ponerse a discutir sobre trabajo o dinero, aunque quizás sí sea el mejor lugar para hablar sobre problemas de “cama”.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los temas habituales que barajamos en esta, nuestra página dedicada a la sexualidad masculina? Esto debería ser obvio para todo aquel que nos haya leído y nos haya visto insistir, una y otra vez, en que la mala comunicación suele traducirse en mal sexo. Y nosotros estamos dispuestos a pasear por muchos lugares, pero por ahí no. No, señor.

En un mundo perfecto todos hubiéramos aprendido desde bien prontito que la buena comunicación implica compromiso, dar y tomar, y que es mucho mejor para todos considerar el “feedback” o respuesta del otro, que defender la propia postura sin escuchar. No es por nada que uno de los dilemas más tratados en las terapias de pareja son las habilidades de comunicación. Sin buena comunicación, insistimos, el buen sexo es imposible.

¿Y en qué consiste una buena comunicación? Es sencillo y no sólo tiene que ver con la elocuencia ni con nuestra paciencia para escuchar: si no eres capaz de comunicar efectivamente tus deseos es muy complicado que tus deseos sean satisfechos. Por suerte, nunca es tarde para mejorar nuestras dotes de comunicación y aumentar las probabilidades de ser comprendido y escuchado.

Una comunicación requiere, cómo no, de saber escuchar de forma activa: mirar a la cara de tu interlocutora sin distracciones (como el celular o la TV) o inclinarte hacia ella en muestra de atención. A veces las mejores intenciones se transmiten no con palabras, sino con lenguaje corporal.

Nunca está de más considerar también temas estratégicos como el emplazamiento de la “batalla”. La cama, por poner un ejemplo, no es el mejor sitio para ponerse a discutir sobre trabajo o dinero, aunque quizás sí sea el mejor lugar para hablar sobre problemas de “cama”. Cada tema en su contexto.

Una de las señales de salud en una pareja es que su vida sexual es un tema que se debate con frecuencia. La retroalimentación y el diálogo sobre el sexo son ingredientes fundamentales en las relaciones sanas y no un tema a evitar. Es lo más normal (y aconsejable) del mundo hablar sobre lo que funciona y lo que podría mejorar, de forma abierta y sin ánimo de crítica, para poder establecer acuerdos en los puntos sobre los que se discrepa y sobre todo para decidir en qué dirección se va a encaminar la (incesante) búsqueda de placer para ambos.

Si no somos capaces de observar nuestra vida sexual de forma objetiva, ¿cómo seremos capaces de mejorar y corregir los detalles que dificultan nuestra dinámica de pareja?. Si somos capaces de establecer acuerdos sobre vida familiar y laboral, sobre distribución de responsabilidades, dinero y vacaciones, ¿por qué no íbamos a hacerlo con algo tan importante para la vida en común como es el sexo?

El feedback, evidentemente,puede ser tanto positivo como negativo, y conviene tratarlo no sólo con la delicadeza que merece sino también con la importancia que tiene para nosotros y no queremos dejar de transmitir: desde pequeños detalles como el tamaño de las uñas de nuestra amante hasta su torpeza a la hora de evitar nuestro glande con sus dientes.

Es complicado, sin duda, transmitir ese feedback en la cama, ese lugar del mundo donde vamos a exponer mucho más que nuestra piel. Es responsabilidad de “ella”, de la pareja, encontrar la manera de hacerlo sin pisar los sentimientos del otro. Es aconsejable evitar fórmulas negativas como “estás haciendo esto mal” y sustituirlo por una sugerencia de cambio como “¿por qué no probamos de esta otra manera?”. De la misma forma en que evitamos el ronquido de nuestra pareja sin despertarla (¿susmujeres no roncan?) modificando su posición dulcemente, podemos evitar muchos disgustos haciendo las cosas con cuidado.

Si la comunicación verbal te da reparo,el lenguaje corporal puede serte de gran ayuda, ya que mediante gemidos y gestos puedes dirigir a tu amante, en un juego parecido al de caliente/frío, hacia lo que te gusta, sin dejar de escuchar sus propias señales, porque por muy fantástico y natural que nos esté resultando el sexo a nosotros siempre querremos que el otro esté también disfrutando.

Uno de los descubrimientos más importantes de las neurociencias durante la última década ha sido el hallazgo de las “neuronas espejo”, que desde nuestro nacimiento nos empujan a imitar los gestos de los demás, facilitando nuestra comunicación, empatía y el aprendizaje de nuevas habilidades por imitación.

Capacidades como esta demuestran que no toda comunicación es verbal y que los homínidos conocidos como gente somos perfectamente capaces de “comunicarnos” sin necesidad de palabras con otras personasque no comparten con nosotros un mismo diccionario, pero que sí dominan una forma de comunicación común a todos, como es el sexo. El idioma nativo de “ella”, nuestra relación de pareja. Así que… #DoYouSpeakSex?

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