Un hijo superdotado de Boston Medical Group

Masculinidad Tóxica es un término que se escapó de las aulas de estudios de género y que de repente, ahora, ha proliferado y parece estar por todas partes. Pero nosotros estamos muy a favor de la masculinidad.

2019 ha sido testigo del auge de esta expresión en la jerga popular, después de que un anuncio de cuchillas de afeitar de Gillette cuestionara lo que los hombres “pueden ser” y planteara que deberíamos de dejar de acosar a las mujeres y de burlarnos los unos de los otros.

Durante décadas, hemos empleado términos como “macho”, “de pelo en pecho” o “machote” para describir el tipo de masculinidad a la que se espera que aspiren todos los hombres en cierto modo.

 

Tenemos que hacerle un Marie Kondo a nuestro género.

Por lo general, todavía se cree que los hombres piensan con sus penes, y que la testosterona hace que los hombres se vuelvan violentos, y que es la testosterona lo que provocó la crisis financiera, y que si los hombres se juntan el caos es inevitable”. Pero la verdad es que sólo hay una especie humana y los hombres y las mujeres son mucho más parecidos que diferentes.

Los investigadores definen la masculinidad tóxica, a veces también conocida como “masculinidad tradicional” – como un conjunto de comportamientos y creencias que incluyen lo siguiente:

1. Suprimir las emociones o disimular la angustia
2. Mantener una apariencia de dureza
3. Identificar la violencia, o la amenaza de violencia, como indicador de poder (rollo ser un tipo duro)

En otras palabras: La masculinidad tóxica es el resultado de enseñar a los niños que no pueden expresar abiertamente sus emociones; que tienen que ser “duros todo el tiempo” y alejarse de todo lo que les haga parecer “femeninos” o débiles.

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Nada de esto, por supuesto, “significa que todos los hombres sean intrínsecamente tóxicos”, pero es cierto que la mayoría recordamos cómo nos sentimos la primera vez que alguien nos llamó “nena”, o putos, o se nos instó a comportarnos “como un hombre”. No importa lo macho que seas, siempre habrá algún gracioso que sienta la necesidad de cuestionar tu hombría. Cuando queremos hacer daño damos donde duele.

La autora y periodista Liz Plank, habla en su libro “For the Love of Men”, de esa experiencia común a la mayoría en la que los hombres ven necesario “esconder su debilidad, esconder su empatía; intentar parecer ser fuertes y estoicos”.

“Una de las preguntas más difíciles que le hice a los hombres para el libro fue: ‘¿Qué es lo más difícil de ser un hombre?'”. Según Plank: “No he encontrado ni un solo hombre que, ante esta pregunta, no me haya mirado fijamente durante 10 segundos antes de empezar a pensar en la respuesta. Porque es una pregunta que no se les hace y nunca se han permitido hacerse a sí mismos”.

“Ser un hombre puede significar un millón de cosas diferentes para un millón de personas diferentes”. Darse cuenta de que no hay una sola manera de “ser un hombre” es una idea que todos, como sociedad, haríamos bien en recordar.

En palabras de la galardonada autora Chimamanda Ngozi Adichie: “Lo peor que se les hace a los hombres, haciéndoles sentir que tienen que ser duros, es que se les obliga a vivir con egos tremendamente frágiles”.

Según Plank, la respuesta más común tras formular la pregunta fue: “Lo más difícil de ser hombre no proviene de las mujeres, sino de los otros hombres”.

“Eso no quiere decir que las mujeres no refuercen también estas nociones de masculinidad”. El asunto es que la mayoría de los hombres nunca hablan de estos problemas entre ellos.

Y ahí reside el verdadero problema. Porque aunque les afecte, este no es un trabajo que les corresponda a las mujeres. Es trabajo de hombres, como nosotros, que tenemos que comparar opiniones y puntos de vista con nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros amigos y nuestros hijos.

 

Somos los hombres, a título individual pero con una meta colectiva, los que tenemos que decidir, en algún momento, cómo vamos a definir la hombría o la masculinidad a partir de ahora, por nosotros mismos, y no porque lo diga Gillette, el movimiento #MeToo, Jordan Peterson o el protagonista de nuestra película favorita.

Porque el asunto es que no hay muchos estudios sobre masculinidad pero sí que existen abundantes estudios que establecen la relación entre masculinidad tradicional y cómo los hombres absorben mensajes en ese contexto. La masculinidad no es el problema, sino la solución.

 

Según Michael Kimmel, autor pionero en estudios de la masculinidad, y profesor universitario reconoce que: “Hay una creciente brecha entre lo que los hombres dicen que significa ser un hombre y lo que hacen en realidad. Se dice que tienen que ser fuertes, poderosos, no mostrar sus emociones, sus sentimientos, no pueden llorar… Pero en sus vidas diarias hacen cosas mucho más saludables: se implican en el cuidado infantil, tienen más relaciones emocionales, son mejores amigos cada vez…”

“Fingir que son de una forma para integrarse es un problema que muchos jóvenes viven a diario. Sufren presión: se mira cómo se visten, hablan, se mueven… Da igual lo que hagan, siempre va a haber otros hombres observándoles y criticando lo que hacen. La masculinidad es moldeada y juzgada por otros hombres. Y si queremos hacer progresos, tenemos que reducir este tipo de vigilancia de género que existe entre los chicos”.

 

Plank llega siempre a la misma conclusión: “tenemos que hacerle un Marie Kondo a nuestro género; darle una limpieza y ponerlo al día”. En realidad es solo cuestión de “aprender a conocerse un poco; se trata de un viaje de autodescubrimiento. De abrir el armario, meterse al fondo donde no se suele mirar y donde las cosas se han ido acumulando durante años”. 

Habrá montones de cosas que quieras quedarte, cómo no. Eso está genial. Quédate con lo que quieras, pero habrá también cosas a las que quizás no sientas tantas ganas de aferrarte. “Se trata de empoderar a la gente” sentencia Plank, “para que tengan la libertad de ser quienes quieren ser en el mundo y la libertad de dejar atrás aquello que ya no les sirve”.

En palabras de la mismísima Marie Kondo: “Nunca te deshagas de algo sin antes despedirte y expresar tu agradecimiento”. Así que… Muchas gracias por todo, y ¡hasta otra!

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