Un hijo superdotado de Boston Medical Group

No está claro cuándo se nos metió en la cabeza que la esencia de nuestra masculinidad… vivía escondida en alguna sustancia del tejido testicular. Como si de un elixir sagrado se tratara los hombres nos hemos implantado, inyectado e ingerido testículos de monos, cabras y vaya usted a saber qué otros animales con la esperanza de recuperar o mantener nuestra fuerza y nuestra virilidad. ¿Es la testosterona el elixir de nuestra virilidad?

 

La síntesis de la testosterona no tuvo lugar hasta 1935, pero hacía ya mucho tiempo que andábamos buscando lo que pensábamos sería el ingrediente activo de la vitalidad masculina.

Los ensayos clínicos de doble ciego, controlados con placebo sin que ni sujetos ni investigadores conocieran el contenido de la dosis, han demostrado que incluso las dosis más altas de la hormona no aumentan la hostilidad, la ira ni la agresividad.

En 1945, un libro llamado The Male Hormone cantaba sus alabanzas como: “magia mucho más allá de lo meramente sexual”. La “hormona masculina” se decía, “aumenta la fuerza muscular. Desaparece la fatiga mental. Alivia el dolor del corazón. Incluso restaura la cordura en los hombres de mediana edad”.

 

Hoy en día la gente toma testosterona por la boca, la nariz, de forma intramuscular, dérmica e incluso a través de sus encías. Se administra mediante cremas, aerosoles, inyecciones y pastillas desde que fuera aprobada por la FDA estadounidense allá por 1995.

En teoría, la testosterona, la gran T, sólo está recomendada para hombres “con niveles bajos relacionados con alguna condición médica”, como pueden ser los efectos secundarios de la quimioterapia.

Y aunque pocas personas cumplan esa condición, la venta de testosterona en Estados Unidos se ha multiplicado por 12 entre los años 2000 y 2011. Tal y como subraya el endocrinólogo David J. Handelsman: “las fantasías de rejuvenecimiento se nutren de esperanza y no necesitan pruebas”.

 

La testosterona es mucho más de lo que su reputación sugiere. Tanto hombres como mujeres necesitan la cantidad adecuada de testosterona para desarrollarse y funcionar con normalidad. No obstante, todavía no está claro cuál es la cantidad óptima de testosterona, pues depende de la edad, del estado de salud y de los niveles históricos de la propia hormona en el cuerpo de cada uno.

Revisar los niveles de testosterona es fácil, tan sencillo como hacerse un análisis de sangre. Lo difícil es interpretar el resultado ya que los niveles varían a lo largo del día y, en ausencia de síntomas, una sola medición puede carecer de sentido.

Muchas de las afirmaciones acerca de la testosterona, una molécula con una estructura química precisa y una sobredimensionada, y sospechosa, presencia cultural, van mucho más allá de la evidencia científica.

 

1-. La testosterona es la hormona sexual masculina

T es una hormona, cierto, pero no es sólo una hormona masculina. T es la hormona esteroide más abundante y biológicamente activa también en el cuerpo de las mujeres. La testosterona también es crucial para su desarrollo y bienestar. Contribuye, por ejemplo, a facilitar la ovulación, una acción que no tildaríamos en ningún caso de masculina.

T tampoco es sólo una hormona sexual. La testosterona se encuentra en casi todos los tejidos humanos, tanto de hombres como de mujeres, y favorece la musculatura corporal, la fortaleza de los huesos, la función cognitiva y el estado de ánimo, entre otros.

Es cierto que los hombres suelen tener niveles más altos de testosterona que las mujeres, pero una mayor cantidad no significa una mayor funcionalidad.

 

2-. La testosterona provoca violencia y agresividad sexual

Los ensayos clínicos de doble ciego, controlados con placebo sin que ni sujetos ni investigadores conocieran el contenido de la dosis, han demostrado que incluso las dosis más altas de la hormona no aumentan la hostilidad, la ira ni la agresividad.

3-. La testosterona mejora tu vida amorosa

Es cierto que un cierto nivel de testosterona es necesario para el funcionamiento sexual óptimo. Tan cierto como que ese nivel debe de ser relativamente bajo. Por encima de ese umbral la testosterona no ejerce mucha diferencia ni en los hombres ni en las mujeres.

De hecho, los niveles de testosterona suelen ir en dirección opuesta a esta afirmación, ya que es la actividad sexual, incluso el propio deseo sexual, el que aumenta los niveles de testosterona.

4-. La testosterona es esencial para el deporte.

Contrario a la creencia popular, el efecto de T en el rendimiento atlético no siempre es positivo. La testosterona afecta a los músculos, de ahí su popularidad, en grandes dosis, entre culturistas, y puede resultar crucial en pruebas de fuerza, pero sus efectos no se quedan ahí. T también afecta al tejido del pecho y a la ubicación de grasa en las extremidades inferiores. De esta forma, la testosterona ejerce su influencia, no siempre positiva, sobre múltiples sistemas del cuerpo.

 

Según un amplio estudio deportivo, los atletas con los niveles más bajos de T desempeñaron mejor en algunas pruebas deportivas que aquellos con los niveles más altos. De hecho, en la carrera de 100 metros, que exige una gran fuerza explosiva, rasgo a menudo asociado con la testosterona, los corredores con la T más baja corrieron cerca de un 5 por ciento más rápido que sus homólogos con T más alta.

Muchas cosas que damos por buenas, eso que llamamos sabiduría popular, pueden servirnos siempre y cuando no contradigan los hallazgos de la ciencia. Una de las principales sorpresas reveladas por los estudios conocidos como Las Pruebas de la Testosterona, fue descubrir que, de los más de 51,000 hombres evaluados en el estudio, sólo un 15 por ciento mostraba niveles de testosterona lo suficientemente bajos como para inscribirse. La idea, hasta ese momento, era que la T baja era común entre los hombres mayores.

 

En sus conclusiones, las pruebas no confirmaron que la T mejorase ni la función física, ni la vitalidad de los hombres. Tampoco ayuda con el deterioro de memoria asociado a la edad. Sí ayuda a combatir la anemia y mejorar la densidad mineral ósea.

También aumenta el deseo y favorece la actividad sexual, pero su efecto es mucho más modesto del que se le otorga, y soluciones como Cialis o Viagra son, clínicamente hablando, mucho más efectivas.
El abuso de testosterona, además, está lejos de ser seguro pues en hombres con factores de riesgo cardiovascular la testosterona acelera la aterosclerosis coronaria, incrementando la probabilidad de sufrir un ataque cardíaco. Como siempre, antes de iniciar cualquier tratamiento, por popular que sea, conviene consultar con personal médico cualificado.

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