Un hijo superdotado de Boston Medical Group

¿Eres más de Kojak o de Chewbacca?

La desaparición del vello púbico femenino fue una de las grandes sorpresas que me deparó la vida tras mi separación. Un par de décadas de monogamia pueden hacer que pierdas el pulso de los tiempos y cuando vuelves al campo de juegos es inevitable que ciertas cosas te agarren desprevenido.

Con el tiempo nuestro vello se vuelve cada vez más fino y gris de forma natural. Así que disfruta del vello, si lo disfrutas, mientras puedas.

Tu cara de sorpresa la primera vez que bajas unas pantaletas y te topas con una vulva perfectamente depilada se vuelve extrañeza a la tercera o cuarta, sobre todo si la mayor parte de tu actividad sexual tuvo lugar antes del cambio de siglo.

Los años que llevas ya cargados a tu espalda te han enseñado que contra el curso de los tiempos no hay nada que hacer, así que aceptas la nueva situación como si nada; actualizas tu imaginario, reseteas el sistema y continúas feliz, siempre hacia delante.

Te alegras de que la vida, a estas alturas, todavía te depare sorpresas y celebras no tener que estar condenado al aburrimiento. Eso sí, no te esperabas que la campaña contra el vello púbico acabara también amenazando a tu entrepierna.

Pero es así. El tren del manscaping ha llegado a nuestra estación y, queramos o no, tarde o temprano nos acabaremos subiendo junto al resto.

Manscaping es un curioso término anglosajón, mitad hombre mitad paisajismo (choque de las palabras en inglés: man y landscaping) con una traducción compleja que podríamos equiparar con mucha menos gracia a “depilación masculina”.

El vello púbico, como el resto de vello corporal, tiene un ciclo vital de entre 30 y 44 días. El pelo que te brota hoy se desprenderá para enriquecer tus sábanas o decorar el suelo de tu casa en aproximadamente un mes y medio. En concreto, el vello púbico crece hasta un tamaño de entre un centímetro y medio hasta unos cuatro centímetros los más largos.

Hasta hace no mucho el vello púbico de cada uno era el que era. Si estaba ahí sería por algo y no había nada de lo que preocuparse. Bueno, ni se te pasaba por la cabeza. Pero entonces vino Freud y se inventó el Superyó: esa especie de conciencia colectiva que todos tenemos a modo de segunda (o tercera, o cuarta) voz en nuestra cabeza, y que tiene como función integrarnos en la sociedad (el ser colectivo) como individuos.

El superyó está ahí para influirnos en su mayor parte de forma inconsciente, a base de observar y sancionar nuestros instintos (el ello) y experiencias personales (el yo) dentro del contexto colectivo. Nosotros pensamos que pensamos las cosas, pero lo cierto es que, por la forma en la que está diseñado nuestro cerebro, primero sentimos y después pensamos para justificar nuestras emociones. 

De manera que tarde o temprano aceptamos las imposiciones (o sugerencias) del superyó como si fueran nuestras desde un principio. Y ahí están las modas para demostrarlo.

Hoy en día muchos hombres se arreglan, se cortan o se depilan del todo su vello público. Algunos prefieren afeitarse abajo como lo hacen arriba, los más entregados se automutilan con cera. La mayoría lo dejamos simplemente en paz, resistiendo por mantener la integridad del diseño inteligente de nuestro templo corporal.

Depilarse o no hacerlo no deja de ser una preferencia personal. No es en absoluto necesario eliminar desde el primer hasta el último pelo para tener el cuerpo en perfecto estado de limpieza (aunque quizás sí se pueda hacer algo por su… ¿Belleza?).

Porque seamos honestos. No hay forma de evitar que nuestros miembros, con pelo o sin pelo se vean raros. Es así. Los genitales masculinos son raros y punto. Cambian de tamaño, se mueven y sudan, y si están además rodeados de pelo… por algo será.

Algunos piensan que el sudor, el calor y los gérmenes no hacen más que acumularse en ese caldo de cultivo primigenio que puede resultar una zona genital llena de pelo, paraíso de patógenos. Algunos, los más germófobos, no sólo se secarán con secador (una filia en sí misma) después de afeitarse y secarse con una toalla, ignorando si la ciencia los respalda. 

Y la verdad es que no. Una de las razones para la presencia del vello púbico es precisamente evitar que bacterias y patógenos logren alcanzar nuestras aperturas genitales.

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Según un estudio al respecto, cuanto más vello púbico tengamos ahí abajo, mejor. Tras entrevistar a más de 7.500 hombres y mujeres sobres sus hábitos de mantenimiento los investigadores concluyeron que, a falta de investigaciones en mayor profundidad, cualquier tipo de “poda” estaba asociada a un mayor riesgo de infecciones de transmisión sexual como el herpes, el VPH, la gonorrea o la clamidia.

Cierto es que con una cantidad razonable de pelo puede uno recoger los beneficios protectores de un buen arbusto sin tener que sentirse como un hombre de las cavernas, sobre todo si pretendemos hacer que alguien alguna vez avecine su cara a esa zona. El vello púbico, como los automóviles clásicos, es atractivo si lo cuidas. Si dejas que se oxide en la calle frente a tu casa, pierde todo su interés.

Así que si decides ponerte creativo te aconsejamos que te lo tomes como la delicada tarea que es: utiliza unas tijeras redondeadas para cortar uñas, sin filo, manteniendo los pelos en su sitio mediante un peine de dientes finos. Sumérgelo todo primero en agua tibia para templar y suavizar el cabello si quieres que la tarea te resulte aún más sencilla. Afeitarse no hace que el cabello brote más grueso; eso no es más que un mito. (#ProTip: nunca lo afeites tan corto que se vuelva papel de lija anti vaginal).

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Nunca será necesario, a no ser que optes por afeitarlo al cero, a cuchilla, acicalarlo todos los días. Mientras tu rutina sea regular el mantenimiento será mínimo. Ten en cuenta que, cuanto más corto lo recortes, más probabilidades tendrás de que te salgan bultos o pelos encarnados. Y piensa en el conjunto: pocas cosas hay más desconcentantes en el universo que el pene de Kojak en el cuerpo de Chewbacca.

Poner la zona en orden también tiene su punto soft erótico, sobre todo en anticipación de la respuesta de quién pueda disfrutar del fruto de tu esmerado esfuerzo. Ya que estás ahí, puedes aprovechar el momento para familiarizarte con el estado de salud de tu aparato. No hay como conocerse para saber percibir cambios indeseados que conviene ver a tiempo. 

Si todo esto te resulta agobiante es posible que encuentres relajante descubrir que con el tiempo el dilema podría resolverse por sí mismo. Igual que pasa con nuestras cabezas, con el tiempo nuestro vello se vuelve cada vez más fino y gris de forma natural. Así que disfruta del vello, si lo disfrutas, mientras puedas.

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