Un hijo superdotado de Boston Medical Group

Decía la canción que el vídeo acabaría con la estrella de la radio. El CD tenía que acabar con el vinilo y que primero la televisión, y luego Netflix, acabarían con el cine. El eBook, y ahora el audiolibro, también nacieron anunciando el fin de los días del libro en papel. PERO aquí seguimos todos, compitiendo por el mismo tiempo. ¿Estará pasando lo mismo con el sexo?

Está claro que un día sólo tiene 24 horas, y que cuantas más cosas tengamos que hacer menos tiempo tendremos para cada una. Es pura matemática. Tarde o temprano tendremos que asumir ciertos sacrificios: dejar de leer para poder ver películas en Netflix. Dejar de pasar tiempo con nuestros hijos para hacer horas extras en el trabajo, dejar de pasar tiempo con nuestra pareja para estar con nuestros hijos o dejar de dormir para jugar al videojuego más reciente o mantener amistades en Facebook. ¿Maratón de series? ¿A quién le queda sitio?

Yo era un gran lector hasta que aparecieron las redes sociales y, como los hombres grises de Momo, robaron todo mi tiempo libre. Ahora leo muchos artículos, normalmente mientras hago otras cosas, pero ya casi nunca tengo tiempo para leer en serio.

Todos tenemos que tomar decisiones. Por mucho que el tiempo sea relativo y pase más lento cuanto te aburres y más rápido cuando lo estás pasando bien al final los segundos son siempre los mismos. Hasta que alguien solucione lo de nuestra mortalidad el problema de tener muchas aficiones siempre será la falta de tiempo.

 

Cada generación se ha enfrentado a este dilema a su manera, aunque se trate de un problema relativamente reciente: el tiempo de ocio universalmente respetado, o al menos las vacaciones pagadas, son un invento del siglo XX que ha dado lugar a industrias tan lucrativas como el turismo. Antes, todo lo que no fuera trabajar para sobrevivir era más bien cosa de los ricos que nunca fuimos.

Abstenerse al sexo podría convertirse entonces en la máxima expresión de individualidad y de confianza en uno mismo.

Puestos a elegir entre actividades a abandonar, las últimas generaciones en llegar, tanto Millennials como Gen Zetas, están mostrando tendencias ciertamente innovadoras porque, para empezar, una cantidad considerable parece rechazar por completo la cultura de los rollos esporádicos y el sexo casual en beneficio de una tendencia de estilo de vida totalmente diferente: la abstinencia sexual voluntaria.

Según datos de los Archives of Sexual Behavior, el 15% de los millennials mayores de 18 años no han tenido nunca pareja sexual. A pesar de estar viviendo los que objetivamente serían los mejores tiempos para el sexo, con menos tabúes y restricciones de índole sexual; según estos datos la abstinencia voluntaria podría estar poniéndose tan de moda como el sexting o el juego erótico anal.

Y esto no tiene por qué ser malo. Según los investigadores esta decisión cada vez más popular de abstenerse del sexo, incluso si es sólo para “darse un descanso”, puede deberse a que los jóvenes de hoy han crecido realmente dueños de su libertad sexual, lo que también significaría que respetan igualmente la libertad de los demás.

Podría ser que, en lugar de ser ellos los que muestran un problema, fuéramos todos los anteriores los que estábamos demasiado obsesionados con el sexo. Pudiera ser que lo que muchos interpretan como una recesión sea en realidad el fin de una obsesión.

Según Dan Carlson, profesor adjunto del Departamento de Estudios de Familia y Consumo de la Universidad de Utah: “Todo el mundo quiere saber si tiene la cantidad de sexo normal. Es un asunto muy personal y provoca fuertes sentimientos en la gente”.

Además algunos medios, como pasa tantas veces, podrían estar tratando el tema de forma un tanto alarmista, porque aunque el sexo es un factor determinante para la salud de cualquier relación de pareja, un descenso de 62 a 54 encuentros sexuales al año (como es el caso) todavía significa que se siguen manteniendo relaciones más de una vez por semana. Las investigaciones actuales sugieren que tener más relaciones sexuales no implica necesariamente un impacto positivo sobre la satisfacción general dentro de una relación.

Menos de una vez a la semana podría resultar problemático para algunos, pero más sexo no tiene por qué ser siempre una mejoría. De acuerdo con Carlson, “la cantidad de sexo no es muy buena predictora de la satisfacción con la propia vida sexual”. En otras palabras, los conceptos de calidad y cantidad en el sexo no sólo son distintos sino que ni siquiera tienen por qué estar conectados.

Los jóvenes de hoy parecen estar más concienciados con la importancia de la salud mental y la sensación de bienestar general, y aunque el sexo casual no tiene nada de malo tampoco es imprescindible para la calidad de vida. Podrían estar cuestionándose… ¿Qué nos aporta el sexo sin afecto si el bienestar que encontramos en el sexo proviene precisamente del afecto que fomentan las relaciones sexuales?
No hacen falta estudios para confirmar que los encuentros sexuales casuales no son tan propensos a proporcionarnos la sensación de intimidad e interconexión que sí se obtienen con parejas más estables, aunque dichos estudios existen. Otros, además, demuestran que los matrimonios de los años 90 y posteriores duraban estadísticamente más que los formados en las décadas de 1970 y 1980, cuando las parejas tenían en principio muchas más relaciones sexuales.

Si algunos de entre nuestros más jóvenes han llegado a la conclusión de que el sexo íntimo con una pareja estable es el único que les aporta lo que verdaderamente buscan en sus vidas, y han decidido prescindir de las complicaciones del resto, ¿Quienes somos para cuestionarlo? No será porque hoy en día les falten alternativas de entretenimiento.

No hace tanto tiempo que la norma mayoritaria era abstenerse hasta el matrimonio por decisiones éticas o religiosas, o por evitar posibles riesgos para la salud, como quien no da besos o no estrecha manos.

La presión ahora, en la era más sexo positiva de la historia, podría estar en lo contrario, en sentirse obligados a mantener relaciones super satisfactorias con mucha gente diferente, siguiendo la senda marcada por generaciones como la de sus padres. Abstenerse podría convertirse entonces en la máxima expresión de individualidad y de confianza en uno mismo, paradigma de la pura rebeldía adolescente. Tener sexo por deseo y no por obligación. Abstenerse del sexo para molestar a tus padres.

El tiempo libre y la libre elección vienen cargadas de decisiones y donde hay decisiones hay responsabilidades que asumir. Los jóvenes de hoy son libres de establecer las condiciones en las que desarrollar la vida sexual que más les apetezca. Ni mucho ni poco, sino lo que les convenga, como quizás no pudimos hacer los que arrastrábamos el hambre heredada de antes.

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