Un hijo superdotado de Boston Medical Group

¿A favor de quién juega tu reloj? ¿Estás atrapado en el tiempo? ¿Cuánto debe durar una relación sexual completa?

Decía Kant que el espacio y el tiempo son ingredientes necesarios para cualquier experiencia humana. Todo lo que acontece necesita de un momento y un lugar en el que tener lugar, y ese lugar-lugar, nuestro presente, es nuestra posición en la corriente en la que andamos pescando tanto experiencias como resfriados.

Nuestras vidas son largas o cortas en relación al tiempo que conseguimos resistir antes de ser inevitablemente arrastrados por esa corriente, y lo hemos estado midiendo desde algo parecido a siempre, en medidas de tiempo solar aparente. ¿Cómo no íbamos entonces a considerar el tiempo un referente a la hora de juzgar la calidad de nuestro sexo? Los humanos, cuando no se nos ocurre nada mejor para matar el tiempo, somos muy propensos a ponernos a medirlo todo.

Según la Universidad de Pensilvania el coito ideal dura entre siete y trece minutos de reloj

El tiempo es una magnitud física que a todos nos iguala pero que no todos sentimos por igual. ¡Qué rápido pasa el tiempo a veces! ¡Y qué despacio, si tenemos tiempo de fijarnos! En la pareja nuestro dilema temporal más habitual suele ser que la duración idónea de un encuentro sexual no es percibida de la misma forma por ambas partes. El cronómetro dirá que ha pasado el mismo tiempo, pero amigo, no es lo mismo olvidarte de la hora que no dejar de mirar el reloj mientras deberías estar concentrado en otra cosa.

Según un estudio de la Universidad de Pensilvania existe una duración idónea para la penetración (que no para el juego erótico) en los encuentros sexuales. Según ellos el coito ideal dura entre siete y trece minutos de reloj, aunque los que duran entre tres y siete minutos son también perfectamente adecuados. Menos de tres minutos se quedan cortos y arriesgan dejar insatisfecha a la pareja y por encima de trece lo que arriesgan es a dejar a la pareja lesionada. En palabras textuales del propio estudio: “la penetración que dura entre tres y trece minutos es perfectamente normativa y no requiere en principio de atención clínica alguna”.

¿De qué me sirve saber esto si todos sabemos que el tiempo es relativo? Para empezar, querido #HomoEréctil, nunca está de más tener unas expectativas realistas que no nos hagan pensar que tenemos problemas donde no se “requiere en principio de atención clínica alguna”. ¿Todo bien?

Echados a perder por las expectativas de, por ejemplo y cómo no, el porno, podemos haber adoptado la costumbre de ponernos objetivos demasiado ambiciosos que nos harán vivir las relaciones sexuales como una prueba atlética que no siempre seremos capaces de superar, con la consiguiente sensación de fracaso por no haber cumplido con los resultados esperados. El sexo, visto así, puede dejar de ser una fiesta y convertirse para nosotros en una amenaza; en una auténtica tortura a la que nosotros mismos nos estamos sometiendo.

La penetración empeora a partir del minuto 13

Ya hemos hablado aquí de la lamentable educación sexual que reciben los privilegiados que llegan a recibir algún tipo de educación sexual. De cómo a lo tonto a lo tonto hemos dejado la educación sexual de nuestros jóvenes en manos del porno, o bien ellos han recurrido al porno a falta de una alternativa mejor, y claro, de la misma forma en la que ellos empiezan a exhibir sus cuerpos en redes sociales antes de haberse tomado el tiempo de conocerlos también se exponen al porno antes de averiguar qué es lo que realmente debería estar ocurriendo ahí.

Y crecen pensando que el sexo, o su hombría, son mejores cuanto más tiempo aguantan en la cama, y no. Hay una razón por la que el estudio Pensilvano asegura que la penetración empeora a partir del minuto 13: el bombeo prolongado del hombre puede acabar provocando dolor por falta de lubricación. Un dolor al que posiblemente haya que sumarle la frustración de ella, que no conseguirá entender por qué no consigue excitar a su amante lo necesario para que alcance el clímax o bien pierda interés por efecto del puro cansancio. Para él, ese mismo cansancio podría provocar la pérdida de su erección y lo que en principio se anunciaba como un triunfo del hombre sobre la física se convierte en un estrepitoso fracaso. Convertir cualquier experiencia en una carrera contrarreloj no hace sino darle al reloj una autoridad que no debería tener.

Existen fuertes evidencias de que el uso de la pornografía por los adolescentes condiciona sus actitudes sexuales. Según advertía un número especial de The Journal of Sex Research en 2016, se ha detectado una mayor “permisividad sexual y la tendencia a no usar preservativos” (olvidando que, en la industria del porno no usan condones porque se hacen pruebas de transmisión de ETS periódicas, al menos una vez al mes).

“Lo sano, en la adolescencia” asegura la psicóloga infanto-juvenil Patricia Díaz Seoane, “es que haya un repunte de pudor”. ¿Qué pasó con la vergüenza?

A los adolescentes (y a también al resto, añadiremos nosotros) “hay que dirigirles hacia la intimidad”, porque la intimidad es también ese espacio en el que el tiempo se vuelve flexible y un minuto parece una hora y una hora se pasa volando, porque, vamos a ponernos ñoños, de la vida no se recuerdan ni las horas ni los minutos, se recuerdan los momentos. Así que ¡céntrate y no mires tanto el reloj!

Si te gusta, comparte

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.